Cuando pienso en Rosi, me siento como si me hubieran arrancado algo profundo de mi ser, de mi esencia, de mi identidad. No puedo detenerme en qué pasó y en cómo pasó. El único sistema que me alivia la experiencia de dolor y sin sentido es racionalizar su muerte, pensar que cumplió su ciclo vital, pensar que todos tenemos un tiempo sobre esta tierra y que cada uno tiene el suyo.
Por otro lado, es como si hubiera cogido miedo a la experiencia de enfermar, sé que hay mucho dolor y sufrimiento en ella. Sin sentido, sin explicación. Puede ser una experiencia natural pero es costosa para la mente racional, pues ataca nuestra identidad, esa que construimos a lo largo de la vida.
En fín, miro el día en positivo, disfrutando de estos momentos de tranquilidad...
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